domingo, 29 de marzo de 2020

Cuatro paredes

Cuatro paredes, un tejado, una casa. Cuatro paredes, un techo, una celda.

Todo lo que nos rodea encerrado, confinado hasta una fecha que aún no tiene límite. Gente con esperanzas de que algún día ocurra aquello que todos desean, salir, disfrutar, besar, abrazar.

En mi cabeza resuenan siempre esos momentos que no supe aprovechar al máximo y ahora echo de menos. Ese día que quedamos y no acudí por falta de ganas, ese día que teníamos que salir a dar una vuelta y no viniste por pereza. 

No aprovechamos del todo lo que nos brinda el mundo, la vida. Nos damos cuenta después de estar aquí encerrados durante semanas.

Cerebro saturado, agobiado, con cambios de humor repentinos. Mi paciencia está logrando tomar ciertos límites que apaciguo mediante el ejercicio físico.  Las tareas, la incertidumbre de los examenes, la posibilidad de tener el peor verano de mi vida, todo se trastoca a medida que pasan los días.

Ante este impertinente agobio escribo, muestro mis sentimientos, mi ira y mis ganas de volver a todo aquello que me hacia feliz. Salir a tomar unas cañas, ir a pegar cuatro patadas a un balón, las noches de charlas interminables y las tardes de pipas en el parque.

No puedo evitar ponerme triste al recordar todo aquello, pero lo voy a tomar como un punto de partida, que puede que me obligue en ocasiones a vivir el momento y a expresar lo que siento. 

Porque al final son cuatro paredes y un tejado, pero podría ser una celda.


No hay comentarios:

Publicar un comentario