Todo comienza con un llanto, al nacer, llanto al que posteriormente encontramos consuelo en los brazos de nuestra madre.
Crecemos, maduramos y el llanto se apodera de nosotros en algún momento de nuestra vida, ya sea por cuestiones de tristeza, felicidad o un dolor insoportable.
Seguimos caminando por la estrecha franja de la vida, y nos topamos con un llanto que esta vez, nuestra madre no puede aplacar, se ha marchado y no volverá.
No creía en el eterno retorno, hasta que me di cuenta de lo siguiente: Todo comienza con un llanto, y todo finaliza con el llanto de otros
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